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Pedaleando de Valencia a Roma
Verano 2007

Mikel Perles Alabau “perlegrino”

peregrinosLa idea de esta aventura nace en el verano del 2004, realizando el Camino de Levante, desde Valencia hasta Compostela en bicicleta. En las últimas etapas, por la provincia de Ourense, pensé en pedalear algún día hasta Roma, atravesando toda la costa mediterránea. El proyecto se consolida el verano siguiente, cuando con unos amigos recorremos la ruta del Cid, en bicicleta también, desde Vivar del Cid, su pueblo natal, hasta Valencia, donde según cuenta la leyenda se le dio muerte a tan famoso caballero. Fue en este viaje cuando fijamos la fecha para tamaña aventura, el verano del 2007.

La filosofía de estas vacaciones ha seguido la línea de los anteriores años. Viajar lentamente, disfrutando de las pequeñas cosas que vamos encontrando; los paisajes, las conversaciones con la gente, la convivencia, los cielos estrellados, nublados, rosados… Siempre pedaleamos sin prisas. Una de nuestras máximas es “el que viaja demasiado deprisa se pierde la esencia del viaje”. También viajamos casi casi en austeridad, con algo menos de lo necesario, y un poquito de dinero, por ejemplo en los 68 días que duró nuestra ruta, tan solo gastamos 96 euros por cabeza (fuimos dos). Nuestra filosofía también se basa en movernos por lugares cercanos ya que pensamos que no hace falta marcharse a Pekín para vivir auténticas aventuras.

Centrándonos un poquito más en nuestras vacaciones de este verano, todo comenzó el 24 de julio, día que salimos desde nuestra Valencia natal: llevábamos las alforjas repletas de sueños, de ilusión, de alegría, de ganas y, en menor medida, algo de comida y ropa. Intentamos dejar en nuestras casas los miedos del viaje, aunque la verdad es que alguno se debió de colar por algún sitio.

1. Entre campos de naranjas, en Nules
Entre campos de naranjas, en nules

El recorrido que realizamos fue, a grandes rasgos: dejar el mar a la derecha y pedalear paralelamente a él. Aunque como no teníamos nada de prisa, pues fuimos desviándonos para ver todo aquello que nos interesaba. En Castellón nos desviamos hasta Tales, para poder pasar una noche en casa de un ermitaño franciscano que vive en mitad del monte. Luego, en Cataluña, también nos desviamos para visitar a un amigo de Zaragoza que veraneaba por allí, en Hospitalet de l’Infant. Unos días después nos desviamos por Poblet, por Montserrat, por Solius… Uno de los objetivos de la peregrinación era espiritual, esta es la razón también de la búsqueda de todos estos enclaves tan propiamente cristianos. En Francia priorizamos el poso histórico y artístico y visitamos Narbona, Montpellier, Arles, Nimes. En Italia la “rectitud” de la ruta la olvidamos y nos dejamos llevar por la bella Italia, recorriendo toda la zona de Liguria por la costa, cruzando las bellísimas “Cinque Terre” pero luego, perdiéndonos por los interiores encantadores de la Toscana y de la Umbría, pasamos por Lucca, Pisa, Firenze, Arezzo, La Verna, Gubbio, Assisi, Greccio, Rieti… hasta Roma.
No llevábamos un planning de las etapas, ya que no encaja con nuestro modo de ver una peregrinación, nos olvidábamos del calendario, de la hora… solamente pensábamos en el día en el que estábamos, en el lugar donde íbamos a comer y una vez allí, en el lugar donde poder dormir.

2. Camino de Solius
Camino de Solius

De infraestructura, solamente llevábamos las bicis, esterillas, sacos de dormir y una funda de vivack, no llevábamos tienda de campaña, ni nada. Esto nos permitía poder dormir en cualquier lugar, desde playas, a montañas, pasando por paradas de autobús, pistas forestales, parques… Quizás uno de las mejores noches fue la que pasamos en la Sierra de Irta, a la que también tuvimos que desviarnos un poco para poder disfrutarla. Dormimos en una de sus playas, el cielo estaba estrellado, al fondo la ciudad de Peñíscola, el tómbolo coronado por el castillo templario perfectamente iluminado, el sonido de las olas del mar… Otra noche que no olvidaremos fue la que pasamos en Sant Pere de Rodes: dormimos fuera, debajo de unos arquillos, con el cap de Creus como telón de fondo, pudimos disfrutar de uno de los mejores amaneceres de nuestra vida. También pasamos muchas noches acogidos en alguna parroquia o algún convento, incluso el hecho de estar abiertos a la suerte, a “lo que surja” nos hizo vivir noches ecuménicas, en Cabanes, encontramos un cartel que ponía algo así: Casa-Monasterio Budista. Decidimos ir a pedir un poco de agua, eran las 12 de la mañana y hacía muchísimo calor. Acabamos comiendo, cenando y durmiendo allí, fue una experiencia increíblemente plenificadora.

Pero sin lugar a dudas lo que ha hecho de este viaje algo especial ha sido las conversaciones con la gente, el hecho de preguntarles, de iniciar un diálogo, de que sean ellos los que nos cuenten las historias, las leyendas, las curiosidades del lugar, creo firmemente que es la mejor forma de aprender, de conocer, de crecer como persona.

Por último tendremos que contar algo de la llegada a Roma, fue emocionante, como todo final de una peregrinación, pero la verdad no seguía la sintonía del camino, fueron kilómetros que hubo más remedio que recorrerlos por una carretera con bastante tráfico, un arcén estrecho… Aunque como consuelo me quedo con la frase que alguien dijo alguna vez; “es el camino lo que cambia al peregrino y no la meta”.

3. Mi bici por un camino de la Toscana
mi bici por un camino de la Toscana


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