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Caminando
entre vacas Nereida Perez Claros
Fue en la Sierra de las Nieves, en Málaga. Salimos a las 7 de la mañana para coger el bus. Todo el trayecto echando de menos mi cama. Hay que ver mi cama, ahí sola, un sábado... Pensamientos que se me pasaron en cuanto aparecieron las montañas nevadas. Porque, yo a mis 17 años, pues me sigue haciendo ilusión ver nieve. Tan inalcanzable, en una montaña tan alta... Montaña que subimos. Y al final, me olvidé del 10 en biología y todo. Fueron unas nueve horas andando, pero no lo notaba, porque iba entretenida hablando con mis amigos, y viendo el paisaje. Además el profesor de biología se motivaba enseñándonos las piedras y los árboles, y recolectaba huesos de vaca que espero que no fuesen para el puchero.
Luego llegamos hasta la nieve, y montamos peleas,
alguno que otro salió herido. Y está la satisfacción de cuando llegas a la cumbre o al final del camino, miras hacia atrás y ves el sitio donde empezaste, tan lejano y entonces dices: esto lo he recorrido yo solita. Con la música de Rocky de fondo, y te emocionas. A partir de ese día fui a todas las excursiones senderistas: Villaluenga del Rosario, la Vereda de la Estrella, El peñón de los enamorados...
Todas con sus encantos particulares, que recuerdas cuando vuelves a casa a las 11, muerto de cansancio, pero con un buen sabor de boca. Y te sigues acordando al día siguiente cuando tienes los pies llenos de heridas y no te puedes levantar de la cama. Y hasta eso sienta bien, porque estás deseando volver otro día a recorrer otros senderos... Esto va por ti, Sául, que un 30 de Agosto tomaste un sendero distinto que algún día se cruzará con el nuestro.
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