Estancia en la Comunidad
Maya Quehueche
Livingstone, Guatemala
(Septiembre 2006)
Lara Pérez Dueñas y Florent Marcellesi
Hay muchas maneras de viajar por Guatemala. Cuando la mayoría de los
turistas se quedan atrapados en la fascinante pero demasiado occidentalizada
Antigua, se pierden los tesoros de la jungla guatemalteca, sus increíbles
ecosistemas, sus habitantes y sus culturas. En nuestro periplo por
Chiapas y Guatemala decidimos acercarnos a esta otra realidad mediante
un proyecto de ecoturismo solidario.
1.En
el campo de maíz
 2.María y Mateo, nuestros anfitriones

Encontramos la información a través de la ONG francesa Echoway (www.echoway.fr)
que nos suministró los contactos locales necesarios para acceder a la
Comunidad maya Quehueche.
Esta Comunidad se sitúa a dos horas de marcha desde Livingstone, pequeña
ciudad multicultural en la que confluyen las culturas maya, garífuna
(descendientes de los esclavos africanos) y mestiza.
Es en esta ciudad donde está basada la Asociación Ak’Tenamit, que apoya y
desarrolla distintos proyectos comunitarios de ecoturismo responsable en
la zona, en particular un centro de formación de ecoturismo para los
jóvenes de las comunidades de toda la región.
Llegamos hasta la comunidad acompañados por dos habitantes encargados de
guiarnos y acogernos en su aldea, tras dos horas de marcha por la jungla
en plena estación de lluvias. A pesar del lodo, el calor y la humedad,
pudimos aprovechar del extraordinario entorno natural de la selva gracias
a las explicaciones de nuestros guías.
En este proyecto participan 19 familias de la comunidad, que construyeron
todas las instalaciones dedicadas a los “turistas”: una cabaña con camas
para los visitantes que llaman “el hotel”, unas duchas, unos aseos… Todo
ello construido de manera ecológica y asesorados por la asociación Ak’Tenamit.
El 10% de los beneficios obtenidos por el turismo (los visitantes pagan
300 quetzales por cabeza para una estancia de 2 días en la comunidad) son
repartidos entre todas las familias, y el 90% restante es reinvertido para
construir y mejorar las instalaciones de la comunidad. Se han constituido
ya legalmente como asociación, que se reúne en asamblea general cada año.
Los habitantes de la comunidad se van turnando todas las tareas relativas
al proyecto: desde los cargos (presidente, vice-presidente, tesorero…)
hasta la familia que acoge a los visitantes en su casa para las comidas.
Aunque el esfuerzo por montar el proyecto fue bastante grande –se trata de
una aldea que está a 2 horas de camino en la jungla de la ciudad más
cercana, con lo cual traer los materiales de construcción es muy costoso,
las familias estaban encantadas con el proyecto. 3.Una vista de la
aldea
Durante nuestra estancia, pudimos disfrutar de unos maravillosos paseos
por la selva, sus cascadas y sus cuevas, de sus tortillas de maíz,
frijoles y deliciosas naranjadas y limonadas, tuvimos la oportunidad de
asistir a un ritual maya explicado por su sacerdote, bailar al son de la
marimba, así como acercarnos a las costumbres del pueblo maya.
Fue una estancia corta, pero intensamente enriquecedora, que aconsejamos a
cualquier viajer@ para quien viajar signifique, más allá de la distancia
recorrida, también sumergirse en una historia, unos ecosistemas, una
cultura y comprometerse por la solidaridad y la ecología.
4.Visita de las
cascadas
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